domingo, 12 de enero de 2014

Escuela y Educación: lo mismo de siempre

Partimos de la base que la especie humana es una entidad biológica social, en la que por las características biológicas y evolutivas desarrolla un largo periodo de dependencia parental, en el que los nuevos individuos aprenden –conocen, desarrollan, controlan- aquellas funciones necesarias para el correcto desenvolvimiento en la época de adulto, adaptándose a ellas para “aprender a ser miembros efectivos de la sociedad”.

En un principio esta sociedad estaba formada por grupos familiares de pequeño tamaño en el que las habilidades o estrategias a desarrollar no eran muy complejas y la acción familiar era la única fuente de instrucción para los nuevos individuos.

Como ocurre en otros grupos animales sociales con periodos más o menos largos de cuidados parentales, las crías son reunidas para facilitar el cuidado y la protección por parte de los progenitores, generalmente hembras. En este sentido Echevarría (1999)* refiriéndose a las sociedades humanas, define el PRIMER ENTORNO como comunidades sin escuela en las que la incorporación de la infancia a los valores y normas de la vida social se realizaba mediante el contacto directo, la experiencia con los adultos.

Según los grupos sociales alcanzan niveles de complejidad mayores, aumentando el tamaño de la población, y por ende, multiplicándose las herramientas, los conocimientos, las relaciones intra-extragrupales, las normas y valores de esas comunidades, se hizo necesario la generación de un espacio limitado que favoreciese la socialización planificada de la infancia, el SEGUNDO ENTORNO: la escuela, cuyo objetivo seguía siendo el mismo, favorecer la adaptación de las nuevas generaciones al grupo social y el mantenimiento del bagaje cultural, científico y político a lo largo del tiempo.


De tal manera que históricamente los cambios sociales han propiciado los cambios en el ideario escolar y en la metodología de trabajo con los niños y jóvenes, pero aún hoy este segundo entorno permanece vigente en nuestras sociedades, y con bastante resistencia al cambio: agrupaciones escolares en las que los niños y joven reciben instrucción, desarrollan habilidades y estrategias que les permitirán una mejor adaptación a su entorno natural, social y cultural. Con la aparición de las TIC, se podría hablar de un TERCER ENTORNO, en el que la presencialidad y la sincronía, puntos claves de nuestra escuela (segundo entorno) se verían superados (Echevarría, 1999)*; favoreciendo interacciones más amplias y complejas, en donde la escuela como institución dejaría de ser el centro de gravedad de la educación en sociedades del futuro.

Nos encontramos así en la frontera de ambos entornos, y como en cualquier cambio, y más en éste por la rapidez en la que se están produciendo los avances, la resistencia a salir de la zona de confort conocida es muy fuerte; nos encontramos así escuelas en las que se ha invertido mucho dinero y esfuerzo para dotar a los alumnos de medios tecnológicos, pero en los que la implementación didáctica sigue siendo la misma:




El profesor dispone de herramientas tecnológicas, pero son utilizadas en el aula como lo podría ser un encerado, o los video-proyectores; desde mi perspectiva esta situación ya no es, ni de lejos, tan siquiera algo que motive a los niños, ellos son nativos en el uso de las herramientas, no algo nuevo como nos parece a nosotros formados a partir del lápiz y del papel, y lo peor de todo, la mayoría de los alumnos de niveles medios y superiores manejan estas herramientas mejor que sus profesores dándose situaciones como las que se muestra en la viñeta:


Si nuestro objetivo como docentes es favorecer y propiciar la mejor adaptación de nuestros alumnos al entorno, los nuevos entornos sociales nos obligan a buscar otras maneras de “escuela” , sin perder de vista que la socialización entre iguales es fundamental para nuestro desarrollo integral, debemos de adaptarnos a los nuevos espacios “nube”, buscando nuevas formas de trabajo, nuevos espacios, aunque los virtuales nos generen desconfianza.

*(Echevarría, J. (1999). Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno. Ed. Destino. Barcelona. 492 pp)